Terror de Estado a escala global: Medio Oriente como antesala de la Tercera Guerra Mundial

Terror de Estado a escala global: Medio Oriente como antesala de la Tercera Guerra Mundial

El autor de esta columna analiza los diversos significados que tiene la escala de violencia en Medio Oriente, donde se "evidencia la crisis estructural del bloque hegemónico occidental, un sistema obligado a sembrar la guerra para asegurar su reproducción material".

Por Jean Flores Quintana | Politólogo

Asistimos al fin absoluto de una época. El derecho internacional ha quedado reducido a escombros humeantes en el Golfo Pérsico. La reciente ofensiva militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán confirma la instauración de un orden global dictado exclusivamente por la fuerza bruta y el terror de Estado.

Donald Trump y Benjamín Netanyahu naturalizan la violencia desatada, el exterminio sistemático y el genocidio como dispositivos políticos viables para imponer su voluntad. Atrás quedó la retórica diplomática; vivimos la era del imperialismo y la geopolítica, donde potencias en pleno proceso de fascistización actúan con total desprecio por la soberanía de los pueblos.

Las esquirlas de este conflicto impactan de lleno en América Latina. Presenciamos la imposición de una doctrina de repliegue hegemónico sobre el hemisferio occidental. Washington utiliza el chantaje y la amenaza bélica para reducir a nuestros países a la condición de protectorados. La impunidad resulta absoluta. Secuestran presidentes y asfixian económicamente a naciones durante décadas. Frente a esta exhibición de poder, cualquier gobierno dispuesto a quebrar el dominio de la Casa Blanca enfrenta la certeza inminente de una intervención.

La agresión a Irán carece por completo de motivaciones democráticas o humanitarias. 

Las bombas arrojadas sobre Teherán buscan instaurar un gobierno títere servil a los intereses corporativos, controlar los recursos energéticos vitales y perjudicar directamente el avance estratégico de China en la región. Israel funciona como el gigantesco portaaviones de Estados Unidos en Medio Oriente, actuando por delegación directa de la potencia occidental para garantizar la limpieza étnica del pueblo palestino y la sumisión inapelable del mundo árabe.

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Para sostener la barbarie, la prensa occidental funciona como el otro brazo del Departamento de Estado. Utilizan los derechos humanos para legitimar masacres bajo una falsa "misión liberadora". La realidad material destroza este relato. La ofensiva aliada ya suma 201 muertos y 747 heridos a nivel nacional. Solo en la escuela primaria de Minab, el bombardeo asesinó a cerca de 148 personas, en su mayoría niñas. Frente a los escombros, Donald Trump celebra impune. "El ataque fue perfecto y devastador; estamos liberando al mundo".

Una asimetría discursiva encubre la carnicería. Los misiles de Washington y Tel Aviv reciben un blindaje aséptico con la "precisión quirúrgica" de CNN y la coartada de Netanyahu de "eliminar una amenaza existencial" (The Guardian). En contraste, criminalizan la respuesta iraní relatándola desde el caos a través de conceptos como "lluvia de misiles" (The New York Times) e "irracional venganza" (El País). El aparato mediático invierte los roles y transforma al agredido en victimario. Culpan a Teherán del fracaso en Ginebra y ocultan el ataque ilegal estadounidense para instalar a Irán como la gran amenaza mundial. El periodismo corporativo asume su rol final. Actúa como la oficina de relaciones públicas del Pentágono para fabricar el consenso bélico.

El motor histórico radica en la lucha de clases. El fuego desatado en Medio Oriente evidencia la crisis estructural del bloque hegemónico occidental, un sistema obligado a sembrar la guerra para asegurar su reproducción material. Resulta imperativo movilizar a la opinión pública internacional, articular a los pueblos del Sur Global en defensa de la paz y la justicia social, y enfrentar con firmeza a estos Estados delincuentes. Detener el avance hacia una Tercera Guerra Mundial representa una urgencia existencial. Un conflicto librado con bombas nucleares y de hidrógeno garantiza la devastación absoluta de la especie humana y la aniquilación de la vida sobre la faz de la tierra.

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