Ñuble y Biobío arden otra vez: no naturalicemos el vivir en riesgo

Ñuble y Biobío arden otra vez: no naturalicemos el vivir en riesgo

El autor de esta columna invita a reflexionar acerca de cómo se abordan las causas de la actual oleada de incendios forestales, planteando que ya es tiempo de construir "políticas públicas que se hagan cargo de la regulación y manejo de zonas forestales, así como también el cómo resguardar áreas urbanas y rurales frente a estas catástrofes".

Por Nelson Alarcón Medina | Sociólogo

Estos días hemos sido testigos de voraces incendios en zonas rurales y urbanas de las regiones de Ñuble y Biobío. Al igual que en 2012, 2017, 2023, este año 2026 nuevamente incendios forestales arrasan con comunidades, familias y ecosistemas. Como bucle sin fin, nuevamente los medios hacen eco de responsabilidades individuales, buscando judicializar y colocar el foco en “irresponsables” y no viendo lo evidente: el modelo forestal y su irresponsabilidad en el manejo de predios.

Un estudio publicado en Science of the Total Environment, muy recordado en redes sociales y en parte de los medios, advertía en el año 2020 la vulnerabilidad y riesgo de zonas urbanas ubicadas en interfases urbano-forestal. En particular, se detectó que un 25% de la población urbana que habita en sectores con áreas donde convergen vegetación inflamable, viviendas e infraestructura se encuentra en claro riesgo frente a incendios forestales, en particular en el caso de las regiones de Valparaíso, Biobío y La Araucanía. Haciendo un breve racconto catastrófico, coincidentemente estas regiones han sufrido catástrofes de magnitud en zonas urbanas que han generado impacto en vidas, infraestructura y hábitat.

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El reciente incendio en Biobío y Ñuble solo confirma una necesidad urgente: políticas públicas que se hagan cargo de la regulación y manejo de zonas forestales, así como también el cómo resguardar áreas urbanas y rurales frente a estas catástrofes. La dormida ley de incendios en el congreso y la construcción de planes de prevención comunitaria pueden ser un primer apronte hacia un modelo macro: remirar el modelo forestal y sus impactos en los territorios.

Finalmente, es pertinente romper una lógica instalada en vastas zonas del Centro-Sur de Chile que coexisten con estos riesgos, naturalizar el vivir en constante alarma cada verano.  

Las condiciones en este caso son residuales a un modelo económico y productivo, mas no naturales y asociadas al fortuito clima; salgamos del caso individual y aislado y miremos el fenómeno completo, en síntesis, parafraseando el refrán, que el pino o el eucalipto no nos tape la plantación completa.

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