Al final ser patriota era solo una metáfora

Al final ser patriota era solo una metáfora

Para el autor de esta columna, "hoy pareciera que ser patriota es defender al opresor y que Chile dejó de ser el asilo contra la opresión. Ser patriota no se trata de símbolos nacionales, se trata de amar tus raíces, amar de dónde vienes, cuidar tu tierra y amar a tu compatriota como a ti mismo".

Por Marcos Sánchez Monsalves

Un día antes de las Glorias Navales, la derecha chilena aprobó en la Cámara de Diputados la llamada “megarreforma” de Kast y lo celebraron con aplausos, silbidos y ondeando banderas chilenas, pero de patriotas nada.

Un presidente que recorta el presupuesto en salud, educación, vivienda, pensiones y transporte para sus propios compatriotas no se le puede llamar patriota. O está completamente desconectado de la realidad y desconoce la precariedad en la que funciona gran parte del sistema público, o simplemente se hace “el larry” porque su verdadero objetivo es asfixiar y desmantelar lo público.

Pegaron el grito en el cielo por el cable chino, pero meses antes de asumir, Kast viajó a reunirse con Trump para agradecer apoyos y devolver favores. Luego, ya instalado en La Moneda, firmó un acuerdo de cooperación con Estados Unidos para la extracción de tierras raras y minerales críticos en Chile. A eso se suma el denominado “Hungría Gate”, donde existen cuestionamientos sobre un eventual intervencionismo y financiamiento extranjero a su campaña con recursos públicos de Hungría.

Eliminaron el MEPCO, provocando un alza en los combustibles que se podía evitar. Después de generar el problema, venden la solución de vales de gas y subsidios focalizados que, sumados, terminan costando cifras similares al mecanismo que eliminaron. Más tarde, la izquierda impulsó un proyecto para restablecer el MEPCO que logró amortiguar nuevas alzas, pero el daño ya estaba hecho: los precios subieron y las grandes bencineras terminaron celebrando, como si el rey de las colusiones estuviera administrando la billetera del Estado.

El proyecto buscaba atraer inversionistas a Chile, pero bajo una lógica perversa: si sus proyectos no prosperaban, el Estado —es decir, todos nosotros— debía indemnizar a esas empresas por no aprobarles sus proyectos.

Hoy se pretende rebajar los impuestos a los súper ricos del 27% al 23%, al mismo tiempo que al 98% de la población se le recortan beneficios sociales y se le encarece aún más la vida.

Recuerdo que entre los años 20’ y 30’ las Fuerzas Armadas eran leales a la ciudadanía y eran muy críticas con el poder, recordar hazañas como el Ruido de Sables, la Sublevación de la Escuadra o la República Socialista de Chile de 1932, donde militares estaban con las personas comunes y alzaban la voz en contra de la opresión. Hoy, en cambio, esa tradición parece prácticamente extinta, y hablar de ello pareciera rozar la traición.

Pero, ¿desde cuándo estar del lado del oprimido puede considerarse una traición? Hoy pareciera que ser patriota es defender al opresor y que Chile dejó de ser el asilo contra la opresión.

Ser patriota no se trata de símbolos nacionales, se trata de amar tus raíces, amar de dónde vienes, cuidar tu tierra y amar a tu compatriota como a ti mismo.

Al final ser patriota era solo una metáfora y en realidad solo llegaron a vender nuestra patria.

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