
Falleció Manuel Cabieses Donoso a la edad de 92 años, legando con una trayectoria política y periodística reconocida nacional e internacionalmente. Su muerte -en un contexto de retroceso de las luchas sociales a nivel nacional y de escalada imperialista sobre Latinoamérica y sobre todo hacia Cuba- nos invita a reflexionar sobre el compromiso político, la función periodística y los intelectuales de izquierda.
Ivette Lozoya*
Cabieses fue militante de izquierda, primero en el Partido Comunista y luego del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, colaborador, fundador, director y editor de medios de información y debate donde se formó como periodista. Inició su trayectoria en el periodismo dirigiendo el periódico sindical de COPEC, publicó sus primeros artículos en el periódico de la tarde Los Tiempos, para luego trabajar en La Gaceta, Noticias de Última Hora, El Siglo y Punto Final, la más trascendente de todas sus actividades periodísticas.
Volpone fue su referencia en el periodismo y en el sindicalismo lo fue Clotario Blest para quien cumplió el rol de secretario sin sueldo, como varias de otras de las tareas ad honorem que realizó. En Ecuador, Venezuela y Cuba vivió la experiencia de la radicalización latinoamericana convencido de la necesidad de la revolución, renunció a El Siglo y a su corta militancia en el PC y luego de unos años se vinculó orgánicamente al MIR. Es interesante que en ambos casos es el compromiso periodístico con El Siglo y Punto Final lo que lo lleva a asumir la militancia. A través de la trayectoria histórica de Cabieses es posible observar desde los años 30 del siglo XX la conformación y dinámica de una red de intelectuales y periodistas de izquierda que jugaron un rol determinante en la definición de los proyectos populares que asume y tensionan el gobierno de la Unidad Popular.
Lo entrevisté hace más de diez años en el marco de una investigación sobre los intelectuales en el MIR que posteriormente fue publicada como libro1, en esa oportunidad discutimos sobre la condición y función intelectual de los periodistas y sobre el rol de la revista Punto Final en la construcción del socialismo en Chile.
Respecto del primer tema, Cabieses me aclaró que no se consideraba un intelectual. Al respecto decía “Yo no soy eso que usted dice, intelectual, había otros intelectuales en el MIR que se dedicaban a eso, pero yo era un periodista, aunque claro, mi trabajo era un trabajo intelectual”. Era un periodista de oficio y valoraba su rol como mediador entre los procesos y los sujetos que debían conocerlos e integrarlos como herramientas de transformación social utilizando “el instrumental, las técnicas del periodismo para rehuir el academicismo, para tratar de explicar los fenómenos más complejos en los términos más simples y sencillos que se pueda”.
Permeado por las contradicciones de su época, se consideraba un periodista de izquierda, que realizó en todos los medios donde trabajó una labor comprometida con la política militante, sin embargo, haciendo eco de las concepciones liberales del periodismo del siglo XX, defendía la independencia de Punto Final respecto del MIR y señalaba que la revista no era un órgano militante, sino un espacio para la información y el debate abierto.
La contradicción entre un periodismo comprometido y la aspiración liberal de la objetividad de los medios, se hace más evidente cuando el gobierno de la Unidad Popular comienza a ser asediado en todos los frentes y de manera muy virulenta por la prensa de derecha, en ese contexto Manuel Cabieses preside la comisión organizadora de la Primera Asamblea de Periodistas de Izquierda que no solo se disponía a la defensa del gobierno popular, sino también para dar la batalla ideológica desde el periodismo e incluso “proponerse el control de los medios de comunicación por los trabajadores y sus organizaciones”.
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Desde lo gremial hasta el carácter de clase de los medios de comunicación eran discutidos en el GPM7 al que fue destinado en el MIR. Entre estas discusiones es posible destacar las reflexiones compartidas con Armand Mattelart sobre la necesidad de revolucionar las comunicaciones, reconoce, sin embargo, “estuvimos muy lejos de ser una revista que revolucionara el periodismo”, “hacíamos lo que podíamos, lo que la coyuntura nos iba dictando”.
En la otra vereda política, el rol de los medios y los periodistas no era visto como protagonistas de la revolución o de la contrarevolución, sino más bien como traductores, simplificadores para las masas de las ideas de los verdaderos teóricos. Hayek en 1945 en su artículo Los Intelectuales y el socialismo califica a los periodistas, maestros, artistas incluso ministros como los típicos intelectuales que no necesitan tener conocimiento erudito u original sobre algo, porque su función es ser distribuidores de segunda mano de las ideas que otros pensaron. Esto que pareciera ser una actitud de desprecio, ha sustentado la estrategia de relación entre los empresarios y economistas concertados para la reproducción del poder. Los centros de estudio de la derecha, reproductores del estatus quo o representantes del empresariado van a traducir las categorías e ideas fundamentales del poder a consignas y frases que simplifican la realidad y que se repiten de manera insistente por periodistas y algunos “expertos mediáticos” con el fin de orientar el razonamiento de lectores, radioescuchas y televidentes. Hoy cuando escucho la radio, veo las noticias en la televisión o leo los periódicos de mayor circulación en el país, se me hace muy evidente la inexistencia de un periodismo en la línea de Cabieses y Mattelar y el predominio de los trasmisores de ideas de segunda mano que Hayek reconocía.
Sobre Punto Final es imperativo decir que fue una de las revistas más importantes de la nueva izquierda en el continente y un esfuerzo editorial tan contundente que nos obliga al reconocimiento de la labor de su fundador y luego director. Cabieses luego de su ingreso al MIR en 1967complementó su trabajo remunerado como periodista con la militancia en el partido y la conducción de Punto Final, consideraba el periodismo como su campo de batalla y, por lo tanto, militaba como tal en el Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Señalaba que el MIR no necesitaba controlar Punto Final porque la revista coincidía naturalmente con su línea política, por lo tanto, no era necesario “bajar la línea” tarea que sí realizaba en las asambleas de trabajadores de la prensa. Afirma que jamás recibió una instrucción sobre lo que había que publicar, aunque hubo tensiones con la dirigencia cuando alguna de sus ediciones no les gustaba a los militantes del MIR. En el mismo sentido, la revista y el propio Manuel realizaron un apoyo crítico al gobierno de Allende lo que significaba reconocer las conquistas del pueblo atentos a las debilidades de la estrategia para la conquista del poder.
La revista de edición quincenal se publicó de manera ininterrumpida desde 1965 hasta 1973, constaba de alrededor de treinta páginas distribuidas en distintas secciones donde predominaban los textos con letra pequeña, algunas fotografías y caricaturas. Contenía una separata destinada a la publicación de documentos cuya intención era difundir textos internos de las organizaciones revolucionarias del continente y otros como el diario del Che en Bolivia, las cartas entre Arguedas y Hugo Blanco y el libro completo de Héctor Béjar “Perú 1965: apuntes sobre una experiencia guerrillera” escrito en prisión y que ganó el premio Casa de las Américas. La publicación en Punto Final de estos documentos fue decidida por los autores para darles difusión, conscientes del prestigio que tenía la revista en el continente.
La dirección de Manuel le otorgó el carácter a la revista que abordaba la teoría, generaba espacio para el debate político, permitió la difusión y propaganda de las luchas populares del continente y el tercer mundo e informar a los lectores de las definiciones y acciones de la izquierda revolucionaria latinoamericana.
Cabieses se convirtió en el nodo de una red política, intelectual y textual que congregó a escritores, dirigentes políticos, cientistas sociales que colaboraban con la revista de manera permanente. Fue él quien presentó a Miguel Enríquez con el destacado intelectual cubano Fernando Martínez Heredia, así como fue Punto Final el espacio editorial donde publicaron muchos de los más destacados intelectuales latinoamericanos y latinoamericanistas Cabieses fue así, el director de un espacio editorial de creación, recepción y difusión del pensamiento latinoamericano en su momento de máximo esplendor.
*Doctora en Historia. Profesora Titular del Instituto de Historia y Cs Sociales. Universidad de Valparaíso.
Integrante de CLASE (Centro de Estudios Históricos de la Izquierda y la Clase Trabajadora)