"Chao guías ambientales": la impunidad de despreciar el conocimiento y las advertencias de especialistas que evitarían desastres

"Chao guías ambientales": la impunidad de despreciar el conocimiento y las advertencias de especialistas que evitarían desastres

"Chao guías ambientales, chao la ideología, si esas guías ambientales las inventa el burócrata de la zona y si le gusta una cosa tira la guía para proteger a las arañitas, si le gustan los pajaritos, tira la guía para proteger a los pajaritos". "Están detenidas inversiones grandes por ideología, por la ideología ambientalista, por la ideología animalista, por la ideología indigenista..."

Por Aniceto Hevia

Estas afirmaciones del presidente electo, José Antonio Kast, han sido divulgadas profusamente como un acto de desprecio a toda consideración precautoria respecto al impacto de cualquier explotación de bienes comunes, más aún si trata de “inversiones grandes”. Las guías ambientales constituyen herramientas para la evaluación de proyectos, la conservación de ecosistemas y la fiscalización, entregando marcos procedimentales a profesionales, funcionarios y autoridades con el propósito de que cumplan la normativa vigente. Las puedes consultar aquí.

En un país que perdió toda su industria nacional, dejando de producir hasta la manufactura más básica, muchos interpretan estas arengas como la posibilidad de que se ejecuten inversiones de las que "chorree” algo. Y es entendible que segmentos cada vez más amplios de la población ahogados en la informalidad laboral y el cuentapropismo, vean a las consideraciones precautorias, e incluso las solidarias, como amenazantes y dañinas.

Esta dificultad para pensar más allá de la pervivencia posibilita a las autoridades políticas ignorar antecedentes y alertas otorgadas por profesionales de distintas áreas. Así ocurrió con diversos desastres recientes, como los escurrimientos de relaves mineros y la contaminación de glaciales que imposibilita la vida en los valles del norte grande y chico; la toxicidad en comunas y localidades por la operación industrias de los más diversos rubros (hablamos de Quintero, Puchuncaví, Coronel, Laraquete); la floración masiva de microalgas tóxicas provocadas por las operaciones salmoneras en Chiloé durante 2016; o los sucesivos incendios iniciados y propagados en medio de plantaciones forestales.

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Todos los negocios que son el escenario de estas catástrofes siguen operando e incrementan sus actividades y utilidades. Junto con ello, también son favorecidos con exenciones tributarias, subvenciones y una permisividad normativa que convierte lo aberrante en legal. Esto ocurre cuando la degradación que provocan se acumula en grados que hacen irreversible sus efectos e irrecuperable las perjuicios provocados. Esto pasó con la última ola de incendios que azoló la región de Ñuble y Biobío, recientemente.

En medio de este escenario, el presidente electo, mientras hacía campaña vociferaba el menosprecio de cualquier información científica o medida precautoria destinada prevenir sucesos como los incendios que recién ocurrieron. Y es muy significativo que, por ejemplo, la probabilidad de este desastre haya sido advertida el 2020 por científicos que alertaron respecto a la inexistencia de franjas libres de material combustible para detener el avance del fuego. Las distancias estimadas en sus estudios fueron de hasta 400 metros sin vegetación e incluso de 1600 metros en el caso de pendientes.

Los y las investigadoras que dieron cuenta de este riesgo pertenecen al Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), institución que carece de financiamiento permanente y que participaba en un concurso para conseguirlo. En esta última ocasión, no se adjudicó el financiamiento para continuar su labor.

En Chile, la impunidad para delincuentes de gran patrimonio está demostrada hasta la náusea y, en la obscenidad de una diarrea de hechos evacuados por toda la institucionalidad pública, se habla poco de la responsabilidad de autoridades políticas por permitir la continuidad de actividades desoyendo advertencias emitidas por instituciones especializadas, financiadas por el propio Estado.

Esta percepción de impunidad posibilita que sujetos como José Antonio Kast, y una pléyade perteneciente a todo el espectro de la política profesional, manifieste sin inhibición alguna su desprecio e ignorancia respecto al conocimiento, sobre todo cuando establece nociones precautorias ante negocios empresariales de la más amplia índole.

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