
Una obra de teatro en miniatura revive la hipótesis de que la primera pieza de jazz del mundo se gestó a orillas del Bío Bío. Este domingo, la función se convierte en un acto de apoyo a la comunidad de Palomares, afectada por los incendios.
Sofía Fernández Mora
Imagínese asomarse a una caja de madera de 50 centímetros y descubrir un mundo en miniatura: muñecos de papel, luces que titilan y una banda sonora que lo transporta al Concepción de posguerra. Adentro, una intérprete le regala tres minutos de teatro íntimo, de esos que se comparten frente a frente, como un secreto. Es Lambe Lambe, el teatro en miniatura que esta vez viene con una hipótesis audaz: ¿y si el jazz hubiese nacido en la ribera del Bío Bío?
La obra "El precursor del jazz" cierra su temporada este domingo 15 de marzo, en el Centro de Participación Ciudadana de Palomares (21 de Mayo 72, plaza Kevin Campos) desde las 15.00 hrs a las 18.00 hrs. Pero no será una función cualquiera. Tras la suspensión de su actividad en enero debido a los incendios, el evento se convertirá en una jornada de apoyo a la olla común del sector, con muestra artística, talleres gratuitos y un picoteo comunitario. Gracias a un Fondo de Apoyo a Iniciativas Culturales de Concepción.

La leyenda del jazz penquista
Todo surge del "Libro de Oro de Concepción", que narra la historia de un maestro italiano que, después de la Guerra del Pacífico, habría compuesto la primera pieza de jazz inspirado por el ruido del ferrocarril. La obra toma esa teoría con total literalidad y la convierte en una experiencia sensorial.
El músico Felipe Mejía construyó un paisaje sonoro que fusiona los sonidos naturales del territorio con la llegada de la industria. "Es como meterse en la cabeza del Maestro Casnechi", explican los creadores: una mezcla de polca desarticulada, pitidos de locomotora y viento del río, que según el relato, terminó dando origen al género que hoy conmueve al mundo.
El proyecto, dirigido por Sofía Fernández, contó además con la producción de Daniela Pacheco y la colaboración de la artista Vania Caro y la titiritera Tania Corvalán. Ya pasó por la Escuela Lautaro, la Universidad de Concepción y el Festival Jazzaut de San Pedro de la Paz. Ahora llega a Palomares con un sello solidario, financiado por un Fondo de Apoyo a Iniciativas Culturales de Concepción.

El pequeño y enorme acto de amor y resistencia.
Para Fernández, que lleva más de una década en esta disciplina, el teatro Lambe Lambe es una respuesta a la desconexión digital. "En tiempos de Reels y masividad, esto es un acto de resistencia. Te saca del ajetreo y te pone frente a frente con otro humano, que como una ofrenda, te regala un mundo por unos minutos", reflexiona.
La artista cuenta que su interés por el formato nació casi como un equilibrio: "Venía del mundo audiovisual, de crear contenido frío y distante. Quise dedicarle tiempo a algo que me maravillaba. Y desde entonces, he visto a niños decir 'yo también puedo hacerlo' y a adultos emocionarse por el simple hecho de que alguien construya con tanto amor un regalo para un desconocido".
Un formato que cabe en cualquier parte
Otra virtud del Lambe Lambe es su versatilidad. La caja lo contiene todo: iluminación, escenografía, sonido. Puede instalarse en una vereda, en una sede vecinal o, como en este caso, en un espacio comunitario golpeado por la catástrofe.
La jornada del domingo incluirá funciones de la obra, una muestra del proceso creativo y un taller para que los asistentes construyan su propio teatro en miniatura. La entrada es liberada, con materiales incluidos y cupos limitados.
La invitación es a redescubrir el valor de lo pequeño, a celebrar la memoria y a compartir un rato en comunidad. Porque a veces, las historias más grandes caben en una cajita de 50 centímetros.