
Cerca de 25 personas — campesinos, extensionistas, técnicos y profesionales — todos vinculados a la Agricultura Familiar Campesina de doce territorios distintos, participaron en un curso intensivo de dos días en el Centro Agroecológico Mongelechi Mapu, en la Región de La Araucanía, para aprender a comprender y estimular la vida del suelo.
Por Verónica Gonzalez Nueva Imperial, Región de La Araucanía · Mayo 2026
Los días 7 y 8 de abril, el sector de Rulo en Nueva Imperial fue punto de encuentro para extensionistas, técnicos, profesionales y campesinos vinculados a la Agricultura Familiar Campesina en todo el país. El curso Ciencia y Práctica de Microbiología de Suelos para la AFC convocó a cerca de 25 personas provenientes de territorios tan distantes como Arica, en el extremo norte, hasta Palena y Chiloé, en el sur austral —pasando por Maule, Talcahuano, Florida, Concepción, Hualqui, Cañete, Curanilahue, Carahue y Temuco—, quienes durante dos jornadas completas compartieron aprendizajes, experiencias de campo y herramientas concretas para trabajar con los suelos vivos.
Uno de los ejes del curso fue transmitir un cambio de mirada: el suelo no es un soporte inerte donde crecen plantas, sino un organismo complejo, dinámico y lleno de interconexiones. Bajo ese enfoque, el programa abordó tres metodologías complementarias para estudiar y estimular la microbiología de los suelos, aplicables a la escala de la Agricultura Familiar Campesina.
La primera fue la metodología Soil Food Web desarrollada por la Dra. Elaine Ingham, que monitorea cinco grupos funcionales de microorganismos al microscopio mediante la técnica de contraste de fase, evaluando las proporciones entre niveles tróficos para determinar si el suelo puede asegurar el ciclo de nutrientes. La segunda fue la cromatografía de suelos, un análisis cualitativo basado en la capilaridad de papel filtro que permite observar indicadores como la aireación, la materia orgánica y la actividad microbiológica. La tercera, el análisis visual de suelos, complementó las anteriores con observaciones de campo y valoraciones participativas de la condición biológica.

La instancia fue facilitada por Rosa Pertierra, ingeniera agrónoma y doctora en Ciencias Agrarias de la Universidad de Bonn, con certificación en Microbiología de Suelos (EE.UU.); Isidora Huici, ingeniera agrónoma e investigadora en cromatografía de suelos, fundadora de AndiSoil SpA; y Lilian Barrientos, ingeniera agrónoma y fundadora del Centro Agroecológico Mongelechi Mapu en Nueva Imperial, espacio con más de 30 años de trayectoria en prácticas ecológicas con pertinencia territorial y cultural para la familia campesina mapuche, donde se realizó el curso.
"Ver los microorganismos activos bajo el lente les abre a los participantes un mundo nuevo y fascinante. Pueden constatar que el suelo efectivamente es un organismo vivo y palpitante. La idea de que el pequeño agricultor tenga un microscopio en sus manos y sepa manejar los aspectos básicos no es tal vez tan loca. Ya lo logré en Ñuble y se puede replicar donde sea. Esto los empodera y les permite evaluar si sus manejos van en la dirección correcta y realmente regeneran su recurso suelo. Puede lograr cambiar en sus mentes el paradigma de dejar de cultivar plantas para comenzar a cultivar microorganismos."
Rosa Pertierra | Ing. Agrónoma, Dra. en Cs. Agrarias (Univ. de Bonn), laboratorista certificada en Microbiología de Suelos (EE.UU.)
"Durante décadas, entender los procesos que suceden en el suelo y tienen consecuencias en los cultivos ha sido algo lejano para el agricultor, delegado a laboratorios distantes del quehacer campesino. La cromatografía de suelos entrega información sobre la salud y calidad de los suelos mediante un procedimiento simple y realizable en cualquier lugar, con insumos relativamente básicos y de costos accesibles. Cuando trabajamos de forma biológica, regenerativa o agroecológica, muchas veces los análisis convencionales no nos entregan una guía sobre qué decisiones tomar para mejorar el aspecto microbiológico. Los cromatogramas nos permiten complementar esto, comprendiendo la interconexión entre las diversas fases del suelo, y nos permiten tomar decisiones informadas y entender cómo pequeñas decisiones repercuten en la vida de nuestros suelos."
Isidora Huici | Ing. Agrónoma, investigadora en cromatografía de suelos y fundadora de AndiSoil SpA
Más allá de las herramientas técnicas, el curso dejó en los participantes una nueva forma de relacionarse con la tierra que trabajan y acompañan. Así lo expresaron algunos de quienes estuvieron presentes:
"Aprendí cómo funciona el suelo y los microorganismos que viven en él. Eso me ha ayudado a entender mejor la tierra que trabajo día a día. Ahora sé cómo usarla de mejor manera y reconocer los beneficios que entrega a las distintas hortalizas que produzco. También me di cuenta de que antes hacía algunas prácticas que no eran las correctas. Hoy entiendo que primero hay que conocer la tierra, estudiarla, ver qué necesita realmente y no simplemente ponerle cualquier cosa. Esta experiencia ha sido muy significativa para mí, porque no solo me llevo herramientas para mejorar mi trabajo, sino también una nueva forma de valorar qué hacemos en el entorno que nos rodea."
María Olate | agricultora de Curanilahue
"El curso de microbiología me ayudó a mejorar los conocimientos de agroecología y la funcionalidad del suelo, y cómo actúan las diferentes bacterias, hongos y protozoos, y a su vez poder analizar las diferentes características de los suelos."
Rodrigo Lavoz, Prodesal de Palenas
El curso cerró el miércoles 8 de abril en el mismo lugar que le dio sentido: el Centro Agroecológico Mongelechi Mapu, un proyecto de la Institución Bahá'í de Chile ubicado en la Comunidad Indígena Manuel Lorenzo, en el sector de Rulo. En sus 0,5 hectáreas, lo que en 1987 era un suelo improductivo hoy entrega producción de calidad durante todo el año, integrando la cosmovisión mapuche con prácticas ecológicas que incluyen lombricultura, compostaje, abonos verdes y el manejo de semillas campesinas.
Las actividades prácticas del segundo día —elaboración de microorganismos eficientes, biofertilizantes e inóculo BioCompleto— permitieron a los participantes cerrar el ciclo entre la comprensión científica y la aplicación concreta en el predio. Un recordatorio de que el suelo vivo no es solo una idea: es algo que se puede ver, oler, cultivar y compartir.
El curso se realizará nuevamente los días 4 y 5 de junio en el mismo Centro Agroecológico Mongelechi Mapu. Una oportunidad para quienes quieran acercarse a la ciencia del suelo vivo desde la práctica y con los pies en la tierra. Las inscripciones están abiertas en [email protected] — los cupos son limitados.