
Sr. Director
La celebración de los cinco años del Servicio Local de Educación Pública (SLEP) Atacama nos encontró a todas y todos de sorpresa.
Si bien sabemos que quienes gestionan la educación pública de este país tienen otras prioridades, no recuerdo un hecho tan bochornoso como este (por lo menos, durante los últimos años), en donde una alfombra roja, banquetería, barra de alcohol e incluso una limosina Hummer personalizada se llevaron todas las miradas.
Y es que no hablamos de cualquier SLEP, sino de aquel que protagonizó un duro cruce con las comunidades educativas cuyos docentes paralizaron sus actividades ante exigencias en condiciones laborales y de infraestructura de los establecimientos. Pero no solo eso; acá hay un SLEP que es el ejemplo insignia del deficiente modelo implementado como salida a la histórica exigencia de desmunicipalización, pero que fue canalizada por la misma clase política que no abrió espacios de participación de las comunidades en la construcción de alternativas.
Desde que entró en vigencia, siete personas han dirigido el SLEP Atacama (ocho, contando a quien asumió el 12 de enero), un organismo en el cual se han detectado deficiencias no solo administrativas, sino que también irregularidades económicas que han conllevado el inicio de investigaciones por posibles delitos.
Pero la institución intentó salvar los muebles, apelando a que el lujo de festejo fue organizado por una empresa externa. Ante esto, recientemente el medio Fast Check informó que el SLEP Atacama ha pagado cerca de $5 mil millones a empresas vinculadas al organizador de la fiesta, por lo que podría abrirse un nuevo flanco de conflicto.
Esta situación es gravísima, y pareciera ser que el gobierno no quiere darse cuenta de aquello. Pero, la verdad, es que este silencio abismal no sorprende; estamos ante una administración que colocó el grito en el cielo por la educación pública, la misma que mantiene el sueldo a cinco directores ejecutivos de diferentes SLEP que están suspendidos por faltas de gestión y probidad, y que en cuatro años no realizó ni impulsó cambios estructurales, dejando pasar una oportunidad histórica.
La fiesta del SLEP Atacama es el reflejo de un trasfondo mucho más anclado en la educación chilena, el cual nos lleva a la antigua (pero vigente) frase: las deudas de los pobres son las fiestas de los ricos.
Por M. Silva Mardones