
A menudo se esgrime que bajar el impuesto corporativo generaría más empleo. Sin embargo, la evidencia indica que el empleo no guarda relación directa con los impuestos[1], sino con la demanda agregada y el poder que tenga la empresa.
Por Ignacio Muñoz, Magíster en Dirección General de Empresas
Otro de los lugares comunes entre divulgadores de mentiras, economistas influencers y políticos conservadores, es la fantasía de que, al bajar los impuestos, las empresas van a contratar más. Una relación directa e inmediata, que sería una fórmula mágica para que mejore el empleo. Para que este razonamiento cale en el imaginario colectivo, es necesario imaginarse el mercado del trabajo funciona igual que el de la venta de smartphones, y en el que los pobres empresarios más ricos del mundo han acumulado riqueza para darle trabajo a la gente, pero el Estado con sus impuestos le impide cumplir con sus sueños.
Esto se explica porque el mercado laboral se comporta de una forma distinta. Es un campo especializado de la economía[2] donde se analiza la dinámica de oferta y demanda de trabajo, el empleo y otras variables. El pretender que se comporta exactamente igual que el mercado de bienes y servicios es ignorar todo el trabajo de la literatura académica entendida en el tema.
La demanda de trabajo no responde directamente a la carga tributaria de una empresa, sino a cuánto vende. Un recorte de impuestos que no se traduce en mayor demanda de productos —porque los consumidores no tienen más dinero, o porque la economía está estancada— no tiene por qué generar nuevos puestos de trabajo. El mecanismo de transmisión simplemente no opera[3].
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La demanda de trabajo es una demanda derivada. Esto significa que depende (o deriva) de la demanda de los bienes y servicios que los trabajadores producen, no de un deseo directo de contratar personas[4]. Esto implica que las fluctuaciones en la demanda de productos se transmiten directamente al mercado laboral. En términos simples, en la industria automotriz, si menos gente compra autos, se necesitan menos trabajadores, por lo que se van a despedir en el corto plazo.
A diferencia de las mercancías, el trabajo presenta heterogeneidad en experiencia, habilidades, y productividad. Al no tener las métricas y especificaciones que todo producto tiene, el medir la productividad marginal del trabajador resulta complejo, sobre todo en el rubro de servicios[5].
Otro contraste es que, hay una asimetría en la relación laboral. En simple, el trabajador no tiene poder negociador ante el empleador, no impone ni negocia condiciones en igualdad de condiciones. Gracias a la muerte y la enfermedad de millones de trabajadores (y su relación con la baja productividad), se han creado normas de seguridad laboral, protección contra el despido y derechos de negociación colectiva, entendiendo la realidad de una relación asimétrica. Obviamente, estas regulaciones generan condiciones únicas que no existen en el mercado de bienes y servicios.
Habría que añadir otro detalle que siempre se les olvida a los divulgadores: que las condiciones en que opera el mercado del trabajo distan del ideal de competencia perfecta (muchas empresas y trabajadores interactuando, trabajo homogéneo, información perfecta, sin costos de movilidad para el trabajador), especialmente en países como el nuestro.
La concentración del empleo en Chile otorga a los empleadores poder de monopsonio u oligopsonio[6] (una o pocas empresas ofreciendo la mayoría del trabajo como en el caso del retail), permitiéndoles fijar salarios por debajo del valor del producto marginal del trabajo[7] (que, en competencia perfecta, sería el salario real). Si un empleador no tiene que competir por trabajadores, su poder de negociación les permite pagar salarios a la baja, pese a que haya alzas en su productividad[8].
Alguna persona que todavía confía cándidamente en la propaganda de los medios podría argumentar que todo lo expuesto no se aplica en el caso específico de Chile, dado que es de “sentido común” que las reformas tributarias frenaron las capacidades de dar más y mejor trabajo para los chilenos. Para ellos les tengo una mala noticia: también hay estudios de economistas donde se concluye que las reformas e incentivos tributarios han tenido efectos marginales en el crecimiento y el empleo[9]. Para ponerlo en términos económicos, la elasticidad del empleo respecto a la tasa impositiva es baja cuando la demanda interna es débil[10] y la evidencia sobre monopsonio laboral en economías concentradas sugiere que los beneficios tributarios tienden a capitalizarse en utilidades, no en empleo.
En mercados con pocos empleadores dominantes —situación presente en industrias chilenas, como el retail— los trabajadores tienen escasa capacidad de negociar. En ese contexto, una reducción de impuestos corporativos no necesariamente se traduce en mejores salarios ni en más contrataciones: el empleador con poder de mercado simplemente retiene la ganancia adicional. La evidencia sobre monopsonio laboral en economías concentradas sugiere que los beneficios tributarios tienden a capitalizarse en utilidades[11], no en empleo.
Quedan, no obstante, preguntas que nadie responde con suficiente honestidad. Si los impuestos corporativos no son relevantes para el empleo como sugiere la evidencia, ¿Por qué las grandes empresas destinan recursos considerables a hacer lobby por su reducción? ¿Es pura ideología, o hay beneficios privados —distintos del empleo— que sí se capturan vía recortes tributarios?
[1] Zwick, E. Do financial frictions amplify fiscal policy? Evidence from business investment stimulus.
[2] Labor economics. (s/f). EBSCO. Recuperado el 6 de abril de 2026, de https://www.ebsco.com/research-starters/economics/labor-economics
[3] Bivens, J. (s/f). Understanding the historic divergence between productivity and a typical worker’s pay: Why it matters and why it’s real. Economic Policy Institute. Recuperado el 6 de abril de 2026, de https://www.epi.org/publication/understanding-the-historic-divergence-between-productivity-and-a-typical-workers-pay-why-it-matters-and-why-its-real/
[4] (S/f). Unesco.org. Recuperado el 6 de abril de 2026, de https://unevoc.unesco.org/e-forum/Labour%20Economics%20-%20Introduction.pdf
[5] Pettinger, T. (2021, noviembre 28). Imperfections in the labour market. Economics Help. https://www.economicshelp.org/labour-markets/labour-market-imperfections/
[6] - CMF. (s/f). Cmfchile.cl. Recuperado el 6 de abril de 2026, de http://cmfchile.cl/institucional/mercados/entidad.php?mercado=V&tipoentidad=RVEMI
[7] https://equitablegrowth.org/wp-content/uploads/2022/03/How-labor-markets-function-under-imperfect-competition-slides.pdf
[8] (S/f-b). Sciencedirect.com. Recuperado el 6 de abril de 2026, de https://www.sciencedirect.com/science/chapter/handbook/abs/pii/S1573446324000099
[9] Agostini, C., & Jorratt, M. (2013, febrero). Política tributaria para mejorar la inversión y el crecimiento en América Latina. ECLAC. https://repositorio.cepal.org/entities/publication/3e85b8eb-dfcf-4960-b914-a6a76449678e/full
[10] Engel, E. M. R. A., Galetovic, A., & Raddatz, C. E. (1999). Taxes and income distribution in Chile: Some unpleasant redistributive arithmetic. Journal of Development Economics, 59(1), 155–192.
[11] Bank, W. (2021). World Development Report 2021: Data for better lives. World Bank. https://doi.org/10.1596/978-1-4648-1600-0