
En un balotaje decisivo, Chile decide este domingo entre la continuidad de Jeannette Jara y el giro pinochetista que representa José Antonio Kast, en una elección marcada por la polarización y el debate sobre el futuro del país.
Por equipo editorial de Resumen.cl
Este domingo el país vuelve a asistir a las urnas para decidir por su representación política para los próximos cuatro años.
El balotaje se realizará entre el ultraderechista José Antonio Kast, quien busca -tras dos fallidos procesos previos- llegar a La Moneda, mientras que por la centroizquierda se encuentra Jeannette Jara, quien ejerció como ministra del Trabajo del actual gobierno y subsecretaria de Previsión Social bajo el segundo mandato de Bachelet.
El tiempo de campaña no estuvo exento de críticas de ambos sectores, quienes han intentado acumular la mayor cantidad de adherentes posibles buscando correr el cerco de su centro neurálgico.
Así, Kast desarrolló una notable campaña de omisión de información y contradicciones entre sus representantes, su programa y sus propios dichos. Esta lógica fue aprovechada por el comando de Jara, quien apostó por emplazar al candidato para que este diera a conocer la aplicabilidad de sus planteamientos y cómo estos afectarían a la población chilena.
Por otro lado, Jara buscó alejarse del adjetivo de "continuidad" de la actual administración, pese a recurrir constantemente a hitos que fueron, en parte, personalizados en su cartera ministerial como la Ley de 40 Horas, el incremento del sueldo mínimo y la cuestionada reforma de pensiones.
De esta forma, Chile llega a un escenario donde los caminos se encuentran fuertemente diferenciados: mientras Jara representa una lógica de continuidad de la transición política que ha caracterizado al país durante las últimas décadas, planteando transformaciones superficiales al modelo que ha generado gran desigualdad, Kast representa un profundo retroceso de los derechos sociales que se han consagrado a partir de las luchas de los movimientos durante la postdictadura, pudiendo significar un triunfo del pinochetismo cuando el dictador ya está en su tumba.