Caracas: Crónica de una resistencia

Caracas: Crónica de una resistencia

A medida que el polvo de los acontecimientos comienza a asentarse, la narrativa de la supuesta “perfección técnica” estadounidense se desmorona bajo el peso de sus propias declaraciones oficiales.

Henry Omar Pérez / Agencia Cubana de Noticias (ACN)

Lo que en un primer momento se intentó presentar como una incursión quirúrgica, limpia y sin oposición real, hoy se revela como un enfrentamiento de una intensidad inesperada, donde la resistencia de un reducido grupo de combatientes obligó a retroceder —con bajas y daños materiales— a fuerzas consideradas entre las más avanzadas del planeta.

El pasado 5 de enero, el panorama informativo dio un vuelco cuando el secretario de guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, se dirigió a tropas estadounidenses durante una alocución a bordo de un portaaviones anclado en Virginia. 

En sus propias palabras, la operación distó mucho de ser un despliegue silencioso; Hegseth reconoció que cerca de 200 comandos de fuerzas especiales descendieron en Caracas bajo lo que él mismo calificó como una “lluvia de balas”, admitiendo implícitamente que el factor sorpresa no logró anular la respuesta defensiva en el terreno.

La acción militar estuvo destinada a raptar al presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro Moros, quien fue sacado del territorio nacional mediante un acto de piratería internacional y de guerra no convencional, en abierta violación de la soberanía venezolana, del derecho internacional y de los principios recogidos en la Carta de las Naciones Unidas.

Por su parte, la cadena CBS News confirmó que el asalto enfrentó una oposición feroz; en sus declaraciones, el propio Hegseth reconoció daños en al menos un helicóptero estadounidense y admitió que varios efectivos resultaron heridos, aunque intentó minimizar el impacto asegurando que se encontraban en estado estable.
La confirmación de la magnitud real del choque llegó también desde la Casa Blanca. 

Stephen Miller, subjefe de Gabinete, declaró en una entrevista para CNN que las fuerzas estadounidenses se vieron envueltas en lo que describió como una “furiosa batalla a tiros”

Miller señaló que los comandos se toparon con “guardias cubanos armados”, a quienes atribuyó numerosas bajas, sin embargo, al describir la ferocidad del enfrentamiento, terminó ratificando que la operación estuvo muy lejos de ser el “paseo por el parque” que la propaganda inicial pretendió imponer.

Mientras en el terreno se combatía, la cúpula del poder en Washington seguía los acontecimientos desde una distancia aséptica y deshumanizada. 

Medios como The New York Times revelaron posteriormente que la CIA confiaba en informantes dentro del círculo cercano al objetivo de la operación, en ese contexto se difundió una imagen donde se observa al director de la CIA, John Ratcliffe, junto a Donald Trump, asesores como Marco Rubio y el propio Miller, siguiendo el desarrollo de la incursión.

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Imágenes difundidas en Facebook mostraron que Trump observó los acontecimientos “como si fuera un show de televisión”, una frase que sintetiza con crudeza la desconexión moral entre quienes ordenan acciones militares desde la comodidad del poder y quienes las ejecutan —y las sufren— en el terreno.

Los datos que hoy se discuten públicamente resultan reveladores: 200 comandos de élite, respaldados por tecnología de guerra electrónica, inteligencia satelital y apoyo aéreo, frente a 32 combatientes cubanos que decidieron no retroceder y luchar heroicamente hasta el final.

El mensaje que dejó aquella noche es inequívoco: la superioridad técnica no puede sustituir la determinación, la convicción política ni la voluntad de defender una causa justa.

Al cierre de los reportes, queda claro que aquellos “32 gigantes” no solo resistieron a un contingente ampliamente superior, sino que obligaron a las potencias agresoras a recalcular el costo político, militar y simbólico de violentar la soberanía de los pueblos de esta región.

La verdad, como confirman las propias fuentes estadounidenses, continúa saliendo a la luz: no fue una operación impecable, fue el choque de un imperio contra la voluntad de hierro de pueblos que no saben rendirse.

Necesitaron 200 contra 32. ¿Tendrán suficientes contra millones?

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