
El paso de los incendios por Penco-Lirquén expuso no solo la devastación de viviendas y la pérdida de decenas de miles de hogares, sino también un riesgo silencioso y potencialmente mortífero: la presencia de asbesto —material que puede liberarse en forma de fibras peligrosas cuando se queman o se manipulan escombros— y que no ha sido considerado de forma adecuada en las labores de remoción tras las llamas.
Por equipo editorial de Resumen.cl
El asbesto, también conocido como amianto, fue ampliamente utilizado en materiales de construcción en Chile durante gran parte del siglo XX, principalmente en planchas de fibrocemento como las producidas por la empresa Pizarreño, que mezclaban cemento con fibras de asbesto. A pesar de que su uso está prohibido desde 2001 por los efectos graves que tiene para la salud —incluyendo cáncer de pulmón y mesotelioma— aún existen miles de viviendas con este material en techumbres y revestimientos que ahora han sido afectadas o destruidas por los incendios.
La quema de estructuras que contenían pizarreño durante los incendios incrementa la posibilidad de que las fibras microscópicas de asbesto se liberen al aire y se mezclen con el polvo y los escombros en zonas residenciales densamente pobladas, exponiendo a sobrevivientes, brigadistas y personal de limpieza a un riesgo que no ha sido reconocido plenamente por las autoridades. Este peligro está documentado en investigaciones como Fibras Grises de Muerte, que detalla el impacto del asbesto en la salud de trabajadores y comunidades en Chile y cómo la omisión estatal ha perpetuado un “genocidio industrial” silencioso.
Pese a la gravedad de la situación, las labores de disposición y retiro de escombros en Penco y Lirquén no han incorporado protocolos específicos para manejar materiales con asbesto, lo que podría aumentar la exposición de la población afectada.
La emergencia por incendios ha evidenciado la ausencia de un plan claro de descontaminación y gestión segura de residuos peligrosos en zonas urbanas, dejando a familias enteras a merced de una amenaza ambiental que podría manifestarse en enfermedades crónicas en los años venideros.
El Ministerio de Vivienda y Urbanismo, junto al Ministerio de Salud, ha impulsado programas como Comunidad Mejor Sin Asbesto para retirar techumbres de fibrocemento en miles de viviendas sociales en regiones como Biobío, Metropolitana y Valparaíso, pero estas iniciativas no contemplan la situación extraordinaria que han creado los incendios y la dispersión de pizarreño en miles de toneladas de escombros post-sinistro.
Mientras tanto, vecinos y organizaciones comunitarias han tenido que enfrentar simultáneamente la reconstrucción de sus hogares y la preocupación por su salud, sin indicaciones claras por parte de las autoridades sobre cómo limitar la inhalación de fibras peligrosas durante la limpieza y el retiro de los restos de estructuras quemadas. La tragedia de los incendios en Penco-Lirquén reaviva así una deuda pendiente del Estado chileno: la protección efectiva contra los impactos del asbesto, aquí y ahora, en medio de una crisis que sigue cobrándose vidas y hogares.