Andrea Sato, investigadora de Fundación SOL: "Es necesario pensar en avanzar a 35 o 32 horas de trabajo para que haya tiempo para los cuidados y el trabajo doméstico"

Andrea Sato, investigadora de Fundación SOL: "Es necesario pensar en avanzar a 35 o 32 horas de trabajo para que haya tiempo para los cuidados y el trabajo doméstico"

Resultados de la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo arrojan que el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado constituye el mayor sector económico, superando a la propia minería representando el 19,2% del PIB ampliado. Para profundizar en esto, Andrea Sato, investigadora de Fundación SOL, respondió consultas a RESUMEN  explicando las implicancias de este escenario.

Por Equipo de Resumen.cl

Considerando primero temas conceptuales, ¿A qué se refiere el PIB ampliado en Chile?

Para entender lo que es el PIB ampliado hay que entender que es el Producto Interno Bruto a secas. El Producto Interno Bruto mide, principalmente, el valor de todos los bienes y servicios producidos en el país principalmente durante 12 meses. Es un indicador que le sirve a Chile y a todos los países en el mundo para poder ver un indicador de actividad económica y también se establece como un criterio para ver los estándares de la salud económica dentro del país, especialmente dentro de los hogares, la inversión, el gasto de los gobiernos y las exportaciones.

¿Qué es lo interesante del Producto Interno Bruto? Es que principalmente es un valor monetario de toda esta producción de bienes y servicios y lo que considera principalmente es el consumo, o sea, el gasto de los hogares en bienes y servicios, la inversión nacional, el gasto público a nivel de gobiernos y políticas gubernamentales y las exportaciones netas, principalmente las exportaciones del extranjero y también las importaciones desde el extranjero.

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Pero, ¿qué es lo que pasa con el PIB a secas? Primero, es un valor monetario, entonces no considera como actividades o bienes y servicios que estén fuera de la esfera de la producción y fuera de la esfera de lo monetarizado. Entonces, ya desde los 90, principalmente impulsado por CEPAL, se instala un nuevo indicador que es el Producto Interno Bruto Ampliado.

El PIB ampliado, en donde se pueda hacer una valoración económica principalmente de las tareas que no están monetizadas, como el trabajo no remunerado en los hogares donde se incluyen tareas de cuidado, limpieza, alimentación, aseo, principalmente; el Producto Interno Bruto como no contabiliza actividades no monetarizadas, no contabiliza el trabajo doméstico.

¿En qué se basa el Producto Interno Bruto ampliado? Principalmente se basa en el tiempo, en donde se establece la cantidad de tiempo que las personas dedican a distintas labores no monetarizadas y a estas se les asigna un valor monetario. Se estima un valor económico, por ejemplo, de una hora de preparación de alimentos y ahí se puede homologar a lo que es el Producto Interno Bruto clásico.

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Entonces, lo que se hace en principio es establecer cuánto tiempo las personas se dedican a actividades no remuneradas o actividades fuera de la esfera monetizada, se le asigna un valor monetario y luego la suma del valor económico de todas las actividades domésticas y no remuneradas se le suma al PIB tradicional. Y ahí la suma entre el PIB tradicional y la suma del PIB ampliado nos da como el PIB ampliado.

¿Cómo se logra calcular la representación del PIB a partir del trabajo doméstico y de cuidados?

Acá lo fundamental es que la investigación que hizo Comunidad Mujer junto al Ministerio de Hacienda es que se basan en el análisis de las encuestas nacionales de uso de tiempo.

En este caso la ENUT, que se basan en el análisis de las encuestas nacionales de uso de tiempo, que se levantó el año 2023 y se publica el año 2025, principalmente porque lo que se logra hacer es establecer la cantidad de horas diarias que las familias y los hogares y las personas individualmente dedican a trabajo doméstico y de cuidados, y actividades que no están en la esfera monetarizada y, por tanto, no tienen un valor transaccional en el mercado.

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En primera instancia lo que se hace ces calcular la cantidad de tiempo de trabajo doméstico y de cuidados y con esa cantidad de horas, lo que se hace, es asignarle un valor estimado en moneda, un valor estimado monetario a esas actividades y luego, el total de ese valor estimado, se le suma al PIB tradicional.

¿Qué brechas o desigualdades arrastra este dato?

Lo más interesante, claramente, es que hay una diferencia importante en lo que es el trabajo doméstico para las mujeres y lo que es el trabajo doméstico para los hombres. Por ejemplo, en el estudio recientemente publicado de Comunidad Mujer y el Ministerio de Hacienda, lo que se deja de manifiesto es que el 19% del PIB ampliado responde a trabajo doméstico y de cuidados no remunerados.

Eso es bastante importante, porque convierte al trabajo doméstico y de cuidados en el sector económico más grande del país superando superando la minería; de este total de trabajo doméstico y de cuidados, que fue categorizado y valorado en este estudio, el 65% de ese valor total lo aportan las mujeres. Entonces lo que observamos es que hay una diferencia importante entre el trabajo doméstico y de cuidados que realizan las mujeres versus el que realizan los hombres a partir de este análisis.

Andrea Sato, investigadora de Fundación SOL

Andrea Sato | Diagramación de Resumen.cl

Ahora, es importante mencionar que dentro de quienes han discutido estas temáticas, hay importantes críticas respecto a si se pueden equiparar las labores domésticas y de cuidados con las actividades monetarizadas en el mercado, principalmente porque es muy difícil asignarle un valor monetario estimado, por ejemplo, a una hora de planchar ropa. ¿

Qué es lo que pasa con esas actividades? Como podemos establecer que el valor, por ejemplo, del mercado de las trabajadoras de casa particular es un valor adecuado que se le puede imputar a la actividad del cuidado, entonces también ahí hay distintas interpretaciones que hay que observar respecto a lo que está pasando también hoy día con cómo podemos asignar valor, un valor monetario a esas actividades que sirven para la reproducción de la vida.

Es difícil, por ejemplo, pensar en que las trabajadoras de casa particular por una hora de cuidado cobran salarios mínimos, y si ese es el valor que efectivamente se le debería pagar a una trabajadora que tiene al cuidado personas. También lo podemos extrapolar a otras áreas o ramas económicas, por ejemplo educadoras de párvulo porque se les paga un salario tan bajo a una actividad que es tan importante para la formación y el desarrollo de las primeras infancias.

Entonces también acá tenemos que pensar que hay toda una una estructura que responde a la división sexual del trabajo, que establece que las labores feminizadas están mucho menos valoradas a nivel monetario en el mercado versus las actividades masculinizadas. Entonces también quedamos un poco cortos respecto a este PIB ampliado, a pesar de que es el sector más dinámico de la economía, quedamos un poco cortos porque, efectivamente, los valores de mercado que se pagan por hora de trabajo vinculadas al cuidado es mucho menor que, por ejemplo, una hora de trabajo destinada al sector de la minería.

¿Han existido políticas públicas concretas que no solo visibilicen sino que se hagan cargo de esta situación?

Es difícil pensar en alguna política pública concreta, efectivamente podemos pensar en cuestiones vinculadas a la desfamiliarización del cuidado, por ejemplo, cuestiones vinculadas a apoyos públicos para el cuidado, también lo que han sido como iniciativas como reducción de jornada horaria, especialmente para las mujeres. También lo que podemos ver en lo que son las discusiones del pre y postnatal parental, en donde finalmente el meollo es que las mujeres no terminan como las únicas y últimas responsables de las tareas domésticas y de cuidado dentro de los hogares, sino que ellas puedan, como los cuidados se puedan observar desde una socialización, una comunitarización y una actividad de la que todos y todas nos tenemos que hacer cargo.

Entonces es importante pensar en las políticas públicas que están vinculadas a esto, a que las mujeres no tengan que tomar la única y última responsabilidad del cuidado dentro de sus hogares. Y desde ese lugar también promover la socialización de los cuidados desde una perspectiva mucho más amplia, que no implique solo la familia nuclear heterosexual, sino que implique la participación de la comunidad, que implique la participación de familias ampliadas, que implique la participación del Estado también en un proyecto en donde finalmente todas tengamos el derecho de cuidar, pero también hacer cuidados.

¿Qué medidas concretas se pueden tomar sobre la situación del trabajo doméstico y de cuidados no remunerados?

En Fundación SOL consideramos que es fundamental no solo avanzar en esto que ya hemos estado conversando, por ejemplo pre y postnatal parental, donde haya un equilibrio real dentro de los hogares respecto a las tareas de cuidado y a las tareas domésticas,  sino que también otras cuestiones que están en el mundo del trabajo.

Cuestiones vinculadas, por ejemplo, a una reducción de jornada horaria importante. Sabemos que hemos avanzado hacia las 40 horas, pero es necesario también pensar tal vez en avanzar a 35 o 32 horas de trabajo para que haya tiempo disponible para los cuidados y el trabajo doméstico dentro de los hogares que no desaparecen.

Entonces, que se configura también el trabajo doméstico y de cuidados como otra jornada adicional. En otra línea nos parece fundamental también la posibilidad de fortalecer principalmente la educación pública y los espacios de colaboración desde el Estado para el cuidado de niños, niñas, especialmente en un escenario donde vemos que en los hogares donde hay más uso de tiempo, donde hay más carga de trabajo doméstico y de cuidado, principalmente es donde hay niños y niñas menores de 6 años.

En ese sentido, fortalecer mecanismos de cuidado comunitario, de educación comunitaria, promovidos también por el Estado, es fundamental. Y por último, consideramos como importante también el fortalecimiento de los sindicatos en un escenario donde se puedan garantizar derechos especialmente a las mujeres y madres trabajadoras.

Lo que hemos visto en escenarios comparados es que muchas veces cuestiones como salas de lactancia hasta horas de cuidado son garantizadas principalmente bajo el alero de negociaciones colectivas ramales,  en donde los sindicatos presionan también para que haya un tiempo, una disponibilidad y dignidad para las personas que cuidan también.

Entonces ahí creemos que es fundamental también entender el poder de los trabajadores y trabajadoras, el debate público que implica este otro trabajo, el gran ciclo del trabajo, que es el trabajo doméstico y de cuidado y la reproducción de la vida.

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