
En abril de 1961, en las arenas de playa Larga y playa Girón fueron derrotadas las fuerzas mercenarias que pretendían derrocar a una joven Revolución que horas antes había declarado su carácter socialista. A 65 años de aquellos trascendentales acontecimientos, el gobierno y el pueblo cubano se enfrentan a una “posible agresión militar” de los Estados Unidos.
Por Agustín González
Periódico Revolución, 21-04-1961 Mineros del carbón de Lota y Schwager con servicio militar al día se inscriben como voluntarios para defender a Cuba de la invasión imperialista.
Hace 65 años, un sábado 15 de abril de 1961, aviones B-26 provenientes de bases norteamericanas en Nicaragua y con insignias cubanas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias bombardearon tres aeropuertos cubanos, el militar de Ciudad Libertad y los civiles de San Antonio de Los Baños y Santiago de Cuba. Estaba en marcha una operación de falsa bandera bautizada por la CIA como “Operación Pluto”. La confusión de las primeras horas no encontró desprevenida a una defensa antiaérea cubana que no tardó en responder, pero el factor sorpresa utilizado por los agresores y su plan de generar un caos dentro del joven ejército revolucionario se disipó cuando uno de los nueve aviones se dirigieron rumbo norte y declaró ante la prensa que se trataba de una sublevación dentro de las propias fuerzas armadas cubanas. La historia no fue creíble, y esa misma mañana el canciller de Cuba, Dr. Raúl Roa, desmontaba en las Naciones Unidas las versiones de la prensa norteamericana y alertaba sobre una posible invasión militar. Decenas de personas civiles resultaron heridas tras los bombardeos de los aviones norteamericanos camuflajeados, y entre los caídos, un joven artillero de 23 años llamado Eduardo García Delgado, quien escribió con su sangre en una puerta antes de fallecer la palabra “Fidel”. Este gesto se convirtió no sólo en una metáfora sacrificial, sino que en una premonición de lo que sucederían en las próximas 72 horas: un pueblo entero, en alerta de combate y alistándose a las milicias bajo el llamado del primer ministro y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Fidel Castro, dispuesto a repeler con la vida la inminente invasión. El cantautor cubano Silvio Rodríguez ha inmortalizado aquel gesto en su canción “Preludio Girón”: “con todas esas cosas ciertas, grabaron una puerta, en el centro de abril, con Patria se ha dibujado el nombre del alma de los hombres que no van a morir”. Los funerales fueron televisados y la indignación se propagó por todo el territorio insular.
Fidel Castro y los combatientes de Giron
En Cuba se esperaba una invasión militar de gran envergadura, no le quedaba más acciones por ejecutar por parte de los EEUU, tras un largo historial de sabotajes económicos, terrorismo y bandas contrarrevolucionarias dentro de Cuba financiadas por CIA, los intentos de asesinatos a los líderes de la Revolución, las provocaciones desde la ilegal base naval de Guantánamo, además de las presiones gubernamentales abiertas de la administración de Dwight D. Eisenhower quién tan solo seis meses antes, el 19 de octubre de 1960, había declarado el Bloqueo económico a Cuba y el 3 de enero de 1961 había roto las relaciones diplomáticas con la isla. El 5 de enero de 1961 una banda contrarrevolucionaria que operaba en la Sierra del Escambray, al centro de la isla, torturó y asesinó al maestro alfabetizador Conrado Benítez, cuyo delito era haberse enrolado en la Campaña Nacional de Alfabetización y enseñar a leer y escribir en comunidades campesinas de las montañas, muchas de ellas beneficiadas por la Reforma Agraria. Si el asesinato tenía como objetivo atemorizar y hacer desertar a los alfabetizadores de su empeño, logró todo lo contario, miles de jóvenes incluyendo niños se sumaron a las Brigadas “Conrado Benítez” para hacer de Cuba un país libre de analfabetismo en el año de 1961.
El 13 de abril de 1961, dos días antes del bombardeo a los aeropuertos cubanos por los aviones norteamericanos, un atentado incendiario destruyó una de las tiendas más grandes de La Habana y de Cuba, “El Encanto”. La acción era parte de una red de atentados similares en otras tiendas que se venía produciendo desde meses antes, lo que generaría una ola de terror y desconcierto en la capital de Cuba. El siniestro le cobró la vida a la trabajadora Fe del Valle y ocasionó más de veinte heridos. La inteligencia cubana logró capturar al responsable directo de la ejecución del hecho, perteneciente al denominado "Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), una organización que un mes antes había puesto un artefacto incendiario en los almacenes Woolworth de La Habana. El coordinador general de esa organización, Reynold González fue detenido a finales de septiembre de ese año cuando junto a otros terroristas planeaban ejecutar la “Operación Liborio” que consistía aprovechar una convocatoria realizada por la dirección de la Revolución frente al Palacio Presidencial y, desde un departamento arrendado frente al edificio dispararle al presidente de la República Osvaldo Dorticós y el resto de los ministros, entre ellos Fidel, con una bazuca. La fecha a realizarse el atentado sería el día 4 de octubre, así relató el propio Reynold González cuando fue llevado a la Televisión Nacional y confesó el plan y los vínculos del MRP con la CIA. Unos de los terroristas que logró escapar de la redada, abandonando el país días antes y dejando “quemados” a sus compañeros de organización fue Antonio Veciana. Curiosamente, una década después, Veciana reclutó a cubanos en Miami para ejecutar diversos planes avalados por la CIA para asesinar a Fidel en Santiago de Chile en noviembre de 1971. Entre las opciones estaba disparar al primer ministro cubano con un fusil desde el hotel Carrera una vez saludara al pueblo chileno desde el balcón del palacio presidencial o utilizar un revólver calibre 38 dentro de una cámara en una conferencia de prensa en La Moneda. Ninguno de los planes de magnicidio logró realizarse por ser una operación suicida.
El mismo día del atentado a la tienda “El Encanto”, el 13 abril, otro atentado incendiario destruyó las enormes plantaciones del central “Venezuela”, nacionalizado por la Revolución. El incendio alcanzó magnitudes nunca vistas en la zona poniendo en peligro a la comunidad El Cedro, quienes organizados combatieron el fuego, pero no lograron evitar su propagación ni que fallecieron 4 obreros por asfixia. Por tales motivos, en la portada del periódico Revolución —Órgano oficial del movimiento 26 de Julio— de la edición del 15 de abril de 1961 se podía leer: “Por cada obra que destruyan levantaremos mil obras más”, “Criminal sabotaje: mueren 4 obreros”, “Indignación popular por el incendio de El Encanto”.
No se puede negar las enormes tensiones de aquellos años, donde cada día el gobierno revolucionario cubano se enfrentaba a una acción terrorista, a un sabotaje, a un plan de desestabilización económica y política. Tras el largo historial de agresiones EE. UU. una joven Revolución cubana en su primer bienio, solo quedaba por implementar una intervención militar, la cual ya se preparaba desde la administración Eisenhower y fue aprobada por la administración de John F. Keneddy en abril de 1961.
Pero la Historia tiene acontecimientos azarosos donde la realidad parece superar cualquier ficción y como si fuera sacado de una novela de John le Carré o de un guion cinematográfico un periodista y escritor argentino recién trasladado a La Habana en 1960 para trabajar en la agencia de noticias Prensa Latina (PL) —a petición de su director Jorge Massetti — intercepta una noche un misterioso cable cifrado de la agencia “Tropical cable” desde Guatemala a Estados Unidos lleno de códigos numéricos que llamaban la atención. El argentino recorrió las librerías de La Habana para conseguir todos los libros relacionados con criptografía y se puso a estudiar para poder decodificar las misteriosas secuencias numéricas, algo que logró con esfuerzo y para sorpresa suya, los misteriosos códigos era la comunicación entre el campo de entrenamiento del destacamento de mercenarios cubanos ubicado la hacienda Retalhuleu del país centroamericano y los organismos de inteligencia en Estados Unidos. El escritor y periodista era nada más y nada menos que el mismo Rodolfo Walsh, quien ya había publicado años antes Operación Masacre (1957) y la selección de Diez cuentos policiales argentinos (1953). Walsh suministró la valiosa información a Massetti y al Che, estos a la inteligencia cubana la cual estaba al tanto de los pormenores del plan de invasión para abril de 1961. Una década más tarde, otro célebre el escritor y corresponsal de Prensa Latina, el colombiano Gabriel García Marquéz relataría este fortuito hallazgo de su colega en su artículo “Rodolfo Walsh, el escritor que se adelantó a la CIA”, publicado en la revista Alternativa de Bogotá en agosto de 1977, apenas cinco meses después del asesinato y desaparición de Walsh por la junta militar argentina tras un desigual combate urbano.
Volviendo a las horas previas a la invasión, al 15 de abril de 1961. El líder histórico de la Revolución, Fidel Castro ha declarado décadas después que ese día, tras el bombardeo a los aeropuertos tuvo “la certeza total que la invasión se produciría 24 o 48 horas”, pero los cubanos ya llevaban meses en alerta. La hora y el lugar seguía siendo desconocido, pero el momento no, la Revolución tenía combatientes y unidades que cubrían 5 800 km de costa. La noche del 14 de abril, las fuerzas comandadas por el comandante Raúl Castro, ministro de las Fuerzas Armadas y designado para esos días como jefe de la región Militar de la provincia de Oriente pensaron que la invasión se produciría por Baracoa, uno de los puntos más orientales de la isla. La “Operación Marte” era el nombre que dio la CIA a un simulacro de invasión por esa zona, pero que no se concretó. El comandante Ernesto Guevara se encontraba en Pinar del Río donde había sido designado jefe militar de esa región, Fidel Castro en el “Punto Uno” en La Habana, puesto de mando de todas las fuerzas armadas, ósea, el ejército y las milicias. El bombardeo sorprende a cada dirigente en su puesto de mando. El comandante Ernesto Che Guevara se dirige el día 15 en la tarde a su tropa: “Innecesario es decirles a ustedes, lo que ha pasado esta mañana en La Habana y en otros puntos del país, todos lo conocen, saben que aviones de bombardeo del enemigo, armados con ametralladoras 50, con cohetes y con bombas livianas, ametrallaron y bombardearon el aeropuerto de Santiago, la Base de San Antonio y la Base de Ciudad Libertad. También se sabe que, al recuento preliminar, nuestro pueblo ha notado que 7 nuevos nombres suman a la larga lista de nombres gloriosos que han dejado su vida por defender nuestra Revolución y nuestras libertades, y que, además, una cincuentena de heridos demuestra la saña, la furia con que se realizó el ataque”. Fidel por su parte recibe información que una fuerza de desembarco se aproximaba por la zona occidental de la isla, otro simulacro para desorientar el destino final de los mercenarios. La orden de Fidel era clara y firme, la movilización absoluta de todas las fuerzas vivas para repeler la agresión.
El día 16 en el sepelio a las víctimas del bombardeo, la dirección de la Revolución, en las calles 12 y 23 del barrio habanero del Vedado, reunida frente a un mar de pueblo armado, con los fusiles alzados, proclama el carácter socialista del proceso. Fidel en frente a los milicianos expresó: “Compañeros obreros y campesinos, esta es la Revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes. Y por esta Revolución de los humildes, por los humildes y para los humildes, estamos dispuestos a dar la vida”. Y, concluyó: “Compañeros, todas las unidades deben dirigirse hacia la sede de sus respectivos batallones, en vista de la movilización ordenada para mantener el país en estado de alerta ante la inminencia que se deduce de todos los hechos de las últimas semanas y del cobarde ataque de ayer, de la agresión de los mercenarios. Marchemos a las Casas de los Milicianos, formemos los batallones y dispongámonos a salirle al frente al enemigo, con el Himno Nacional, con las estrofas del himno patriótico, con el grito de “al combate”, con la convicción de que “morir por la patria es vivir” y que “en cadenas vivir es vivir en oprobios y afrentas sumidos”.
Mientras avanzaban las horas del día 16, ya se acercaban a la costa sur de la provincia de Matanzas la Brigada de asalto 2506, estructurada por 5 batallones, movilizados en 8 buques, varios tanques y 18 barcazas de desembarco apoyados por 16 aviones B-26 y varios aviones de transporte con más de un centenar de paracaidistas. Aunque se ha afirmado que el jefe de la brigada era José “Pepe” Pérez San Román, el verdadero jefe militar de la operación era el coronel estadounidense Jack Hawkins, quien dirigió los combates desde los Estados Unidos.
Al amanecer 17 de abril y confiados que la ola de acciones terroristas que habían azotado a Cuba por dos años, que los bombardeos del día 15 habían generado un golpe demoledor a la fuerza aérea cubana, comenzaron las operaciones de desembarco con la infiltración de cientos de paracaidistas en puntos alejados de la costa. La suerte y la ignominia estaba echada. Los pocos milicianos que resguardaban las costas se pusieron en disposición combativa y apoyaron las labores de evacuación de la población civil en dirección norte, hacia Jagüey Grande. En esas evacuaciones, aviones B-26 bombardearon camiones civiles y asesinaron mujeres y niños. Entre ellos, parte de la familia de una niña de origen campesino, llamada Nemesia Rodríguez Montano, la cual recordó hace unos años aquella mañana “Nos tendimos en el piso del camión y apreté a mi sobrinito. A mi mamá la atravesaron los disparos por la cintura y le arrancaron un brazo. Mi hermanito más chiquito no atinaba a tirarse y mi papá lo empujó por el pecho. Por eso le atravesaron la mano y el muslo. A mi hermano mayor le dieron un balazo en la parte inferior del cuello. A mi abuelita le dieron un balazo en la cintura y murió cuatro años después paralítica, pues nunca más caminó”. Las imágenes de los aviones enemigos bombardeando los camiones civiles y apuntando a la carretera han quedado grabados por los primeros fotógrafos y cámaras que junto a los milicianos llegaron a la defensa de Playa Larga desde la comandancia en el central “Australia”. Ya desde las 4 y 45 am, el comandante Fidel Castro había ordenado a la escuadrilla de pilotos de San Antonio de los Baños prepararse para entrar en acción combativa, específicamente para que dos Sea Fury y un B-26 cubano bombardearan los barcos mercenarios en Bahía de Cochinos en cuanto amaneciera. Desde la mañana que comenzaron los combates, Fidel se desplazó de La Habana y llegó pasado el mediodía al Central Australia donde estableció el puesto de mando para dirigir la contraofensiva y participar él mismo en las acciones dentro de la zona de operaciones. Desde la madrugada estaba dirigiendo la defensa y evaluaba la profundidad de la intervención. Cuando el capitán José Ramón Fernández, el gallego, le expresó alrededor de las 12:37 de ese día que se había tomado Pálpite, Fidel exclamó: “¡Ya ganamos! ¡Ya ganamos la guerra! Quizás pudiera parecer prematuro pero el conocimiento del terreno le posibilitó a Fidel entender que el enemigo ya no tenía posibilidades de lograr su cometido: establecer una cabeza de Playa por 72 horas para solicitar el reconocimiento internacional de los Estados Unidos y solicitar la intervención de las fuerzas regulares de ese país. Lo que vino después ya es conocido, la contraofensiva de los batallones de milicianos, de la Policía Nacional Revolucionaria, la participación de tanquistas y jóvenes artilleros empujaron hacia la playa a las fuerzas invasoras que para el 19 de abril ya se rendían en masas.