
Nosotras, mujeres de Hualqui, intervenimos el cañón de la plaza central como un acto de memoria, denuncia y resistencia. Lo hicimos desde este territorio, lejos del centralismo que históricamente ha concentrado el poder, las decisiones y las voces. Desde aquí también pensamos, también nos organizamos, también resistimos.
Por: Red de Mujeres Hualquinas
Ese cañón instalado en el corazón de nuestra plaza no es un objeto neutral. Es un símbolo de una historia construida desde la guerra, el patriarcado, el colonialismo y el capitalismo: sistemas que han levantado su poder sobre la dominación de los pueblos, de los territorios, de los cuerpos de las mujeres y de la naturaleza.
Nos han enseñado a mirar la guerra como heroísmo. Nos han dicho que esos objetos representan gloria, nación y victoria. Pero sabemos que la guerra ha sido, principalmente, la guerra de los hombres y de los proyectos de poder que sostienen la violencia como forma de ordenar el mundo.
Mientras esos relatos se celebran en monumentos y armas exhibidas en el espacio público, nosotras hemos sostenido la vida: cuidando, reconstruyendo comunidades, defendiendo la tierra, el agua y los territorios frente al despojo. Las mujeres resistimos en todos los territorios, también aquí en Hualqui.
Intervenir este cañón es cuestionar lo que se instala en el centro de nuestras plazas y de nuestras memorias. Es decir que no aceptamos seguir naturalizando la violencia como símbolo de identidad. Es abrir espacio para otras historias: las de quienes cuidan, defienden y sostienen la vida.
Desde este gesto colectivo afirmamos que otras formas de habitar el mundo son posibles. Formas que no se organizan desde la guerra ni desde la dominación, sino desde el cuidado, la comunidad y el respeto por la naturaleza.
Porque desde los territorios, desde los márgenes del centralismo, desde las mujeres organizadas, seguimos resistiendo y creando vida.