
Sr. Director
Ya estamos en las últimas semanas de diciembre, y somos muchas las y los profesores que seguimos en la clásica cuerda floja de esta cuestionada profesión.
Mientras en la clase política se preocupan de poner más trabas para ingresar a la carrera de pedagogía, quienes ejercemos la docencia en un escenario transversalmente adverso nos mantenemos en la inestabilidad laboral, como cada año.
Ahora, con las salas vacías, ya sin estudiantes, los empleadores comienzan a lanzar sus dardos jugando con la incertidumbre del ejercicio docente. A nosotros y nosotras, quienes ponemos el pecho, la cabeza y el corazón día a día en las aulas, se nos sigue desprestigiando al no tener proyecciones concretas.
El año pasado, en este mismo medio, escribí que poco antes de Navidad, o en algunos casos poco antes de año nuevo, es la fecha favorita de los empleadores para comenzar a despedir. Cuando el silencio de las aulas prima, el papeleo burocrático se mantiene y las matrículas son el foco de atención del equipo directivo, es cuando nos llega el jarrazo de la realidad docente.
Y es que, al igual que como ha sido el camino de la Historia en este trabajo, "nunca se ha hablado en profundidad respecto a qué hacer ante una práctica tan naturalizada" como la que expongo en estas líneas antes de irme, nuevamente, a la incertidumbre del día a día.
Por esto, abrazo a mis colegas que se mantienen en vilo, o que ya recibieron el metafórico sobre azul. En muchos casos, la injusticia y la incongruencia de las prácticas directivas nos hacen sentir menos, a los mismos que nos apuntan día a día por entregar(nos) al aula.
Espero, al igual que el año pasado, que el regalo de Navidad sea la seguridad y certeza de mantenerse en el trabajo.
Por Andrés Palma