
Los incendios forestales que golpearon al Biobío y Ñuble la semana pasada siguen generando nuevas amenazas para las comunidades afectadas, ahora ante la posible llegada de lluvias que podrían agravar la situación de familias que permanecen sin vivienda y expuestas a deslizamientos de terreno.
Por Humberto Fuentes
Los incendios forestales que arrasaron amplios sectores de las regiones del Biobío y Ñuble siguen dejando consecuencias que van más allá del fuego. A días de la catástrofe, la inminente llegada de lluvias anunciadas para este viernes ha encendido una nueva alarma entre las comunidades damnificadas, que hoy enfrentan la intemperie sin soluciones estructurales a la vista.
En sectores donde las llamas consumieron viviendas completas, decenas de familias permanecen acampando entre escombros, con carpas precarias y sin condiciones mínimas de habitabilidad. Para estas personas, la lluvia no representa alivio alguno, sino un riesgo adicional: filtraciones, colapso de estructuras improvisadas y la imposibilidad de resguardar lo poco que lograron recuperar tras el paso del fuego.
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La preocupación también se extiende a zonas de cerros y quebradas, donde la pérdida total de cobertura vegetal producto de los incendios forestales incrementa de forma significativa el peligro de deslizamientos de tierra y remociones en masa. Pese a que este escenario es ampliamente conocido por autoridades y organismos técnicos, no se han desplegado planes preventivos visibles ni evacuaciones oportunas en los puntos más críticos.
Vecinas y vecinos han alertado que, una vez más, la respuesta estatal llega tarde y fragmentada, delegando en la autogestión comunitaria la contención de una emergencia que muta pero no termina, por lo que han exigido un pronunciamiento preventivo y que sea eficiente en abordar una posible emergencia que ya está anticipada.